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Alerta

VOTOS Y BALAS

A estas alturas oponerse a la participación en las elecciones regionales carece de sentido porque ya el proceso está en marcha y nada ni nadie podría detenerlo. Estamos ante una realidad que es preciso afrontar con todos sus handicaps y la necesidad apremiante de sacarle el máximo provecho a una contienda donde la única ventaja es la posesión cómoda de una mayoría electoral casi abrumadora. ¿Que no van a permitir el triunfo y revertirán los resultados a punta de teclazos de computadora? Que lo hagan y verán cómo se les alzan veinte capitales de estado al mismo tiempo y con tanta fuerza que no les alcanzarán todos los guardias nacionales del país para apagar el incendio de la rebelión civil.

Negarse a buscar las gobernaciones y alcaldías en juego sería entregarle al Gobierno el poder local sin mover un dedo en un gesto fatalista que no tiene, como contrapartida, una estrategia paralela. Y si se tiene, nadie sabe de qué se trata exactamente porque si estamos hablando de poder de fuego, ahí sí que estamos per didos.

Aducir que lo importante es el revocatorio, que si éste no se celebra no vamos a las regionales, al final resulta una contradicción porque si hacemos mutis en las regionales para no legitimar la dictadura y porque al final van a cometer fraude, ¿por qué no habría de ocurrir lo mismo en unas votaciones para el referendo revocatorio presidencial?

Si pretenden manipular resultados, como seguramente intentarán, lo harán en todos los escenarios y mucho más en el del revocatorio presidencial, que es el premio gordo. Las trapisondas jurídicas de las que se han valido para posponer el reclamo popular de votar contra Chávez, luego de casi nueve meses de angustioso tira y encoge, en el caso de las regionales está allanado. Es posible votar, y si la Coordinadora no pone la cómica y se logra por arriba, lo que ya es un hecho por la base, es decir, candidatos unitarios, sólidamente sustentados política y electoralmente, la victoria podría ser clamorosa.

Obviamente puede ocurrir lo contrario. Es claro que Chávez y sus secuaces alentaron las regionales porque la obligatoria unidad que se da en la oposición para un revocatorio se puede convertir, como de hecho ya lo es, en un archipiélago de pequeñas ambiciones o de hipócritas declaraciones por parte de los dirigentes de algunos partidos cuyo objetivo no es salir de Chávez sino crecer electoralmente con miras a 2006.

La participación en las regionales, además de una obligación establecida en la ley, se convierte en una oportunidad para el combate político, para la tribuna de denuncia, para poner de manifiesto la incapacidad de este gobierno nefasto que tiene al país muerto de hambre y de angustia, para machacarle la violación descarada de los derechos humanos y advertirle que matando, torturando y desapareciendo se van a ir más rápido todavía. Sirven las regionales también para despertar la esperanza en una mejor manera de vivir y para calentar la calle.

Servirán, por otra parte, para defender conquistas específicas, como por ejemplo una Policía Metropolitana comprometida con las libertades democráticas. ¿O es que acaso, en aras de no sé qué prurito, vamos a dejar la quinta fuerza armada del país en manos de uno de los más despreciables elementos del chavismo para que la reconvierta en el cuerpo represivo que tanta falta le hace a este gobierno? Que lo piensen Claudio y otros candidatos quienes, antes que sumar están restando y dividiendo a un movimiento orientado, en medio de las mayores dificultades, al rescate de un país a punto de perderse.

¿Que no van a permitir el triunfo y revertirán los resultados a punta de teclazos de computadora? Que lo hagan y verán cómo se les alzan veinte capitales de estado al mismo tiempo y con tanta fuerza que no les alcanzarán todos los guardias nacionales del país para apagar el incendio de la rebelión civil.

ROBERTO GIUSTI

1 comentario

Raquel -

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